A dull day

Escribe algo, escribe algo, si siempre te ha gustado escribir. Habla de cualquier cosa, siempre hay algo que explicar, de la forma que sea y a quien sea (siempre habrá alguien que lo leerá, y si no es así, qué más da). Me he repetido estas palabras una y otra vez durante este último mes, pero no me ha servido de nada. Quizá es que no es lo mío, tal vez no debería seguir escribiendo, puede ser que sea demasiado dura conmigo misma. Leo tantos textos preciosos a diario y me quiero comparar con ellos. Nunca me veo a la altura de aquello que escriben los demás.

Pero ¿cómo voy a estar a la altura? Si solo tengo 19 años, me digo para consolarme. Y supongo que en parte tengo razón. ¿Qué has podido vivir con 19 años? Mis escritores favoritos son personas maduras, con años de experiencia, que han vivido y pueden escribir y filosofar sobre la vida. Además, he leído poco durante este mes. Y leer siempre te hace madurar, crecer como persona y conocer nuevas experiencias (aunque sea a distancia).

Lo que pasa es que no me quería poner a escribir porque sabía cómo acabaría mi narración, hablando de él. Este último mes en Inglaterra ha sido el más maravilloso de mi vida, una experiencia como ninguna, en la que he conocido a gente muy interesante, he visitado lugares que nunca había visto y he aprendido un poco de todo. A amar incluso, si es que así se le puede llamar. Otro chico de la cerveza, pero en versión inglesa. El barman de uno de los pubs más pintorescos y típicos a los que he entrado jamás. Tres semanas me bastaron para enamorarme de él, de su sonrisa y de su mirada, de sus manos al tocarme y de sus labios al besarme, de su manera de hablarme y de protegerme. Del interés que mis palabras producían en él, de su espontaneidad y de su forma de admirarme. De sus ganas de vivir y de viajar, de conocer mundo, de irse al Himalaya como voluntario.

Fue bonito mientras duró, pero ni siquiera pude despedirme de él… Las circunstancias, el destino, no sé, algo o alguien no quiso que esta despedida se produjese. Y mi último día allí fue triste, gris y melancólico. Sabía que se acostaba el final y que tal vez no le volvería a ver. Existe Skype, lo sé, pero quizá para él no fue más que un pasajero amor de verano…

Fue bonito mientras duró y quién sabe si algún día las circunstancias, el destino o ese alguien que no nos permitió un simple adiós nos volverá a unir y nos dará esa oportunidad o una nueva. Y es que odio esta sensación, este constante sentimiento de congoja que no me deja dormir, ese solo pensar en él y en él, en qué estará haciendo, estará pensando en mí o me habrá olvidado ya.

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3 comentarios en “A dull day

  1. No digas eso!!! Sigue escribiendo, al menos por los que te seguimos…. yo tengo 16 años y si me compare con la gente pues esta claro, no eacrobo tan bien como ellos, pero si lo dejo ahora, nunca mejorare y tu ai lo dejas tampoco. Además si escribes bien!! En serio, hazlo por tus seguidores.
    Un abrazooo

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