Tuyo es mi corazón

Las pocas veces que dormimos juntos me dijiste que me querías, con todo tu corazón. “Por eso te quiero tanto y te doy mi corazón. Tómalo, tuyo es y mío no”. Me acercabas hacia ti y yo me acurrucaba entre tus brazos.

A tu mano le gustaba deslizarse suavemente entre mis muslos; decías que esa era la única manera de que se quedara dormida, en el rincón más cálido de toda la casa. Pero tu mano, al igual que nosotros, no dormía. Era(mos) insaciable(s). No se sabía estar quieta, pero yo tampoco quería que parase, porque era espectacular lo que podía provocar en mí. Era juguetona, le gustaba deleitarse, demorarse y hacerme sufrir, con un placer doloroso. Yo me impacientaba, pero fingía no darme cuenta de tus caricias y seguía haciéndome la dormida, pero tu mano no era tonta. Sabía lo que se hacía.

Era entonces cuando me dabas tu corazón, cuando lo introducías, sin que yo opusiera resistencia, en mi húmedo ser. Solo sé que, cuando me dabas tu corazón, ya no podía seguir fingiendo estar dormida y mis suspiros y gemidos resonaban en la habitación. Siempre el corazón, me fijé muchas veces. Ese corazón que me pertenecía… Ni el anular, ni el índice: el corazón. Ignoro el motivo. Supongo que ese era el único corazón que me podías ofrecer.

Come over here with your heart, and I will love your heart with mine.

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