Dime qué ves

-Es muy básico. Escoge una fotografía.

Se encontraban en el estudio, ese estudio que había visto la desbordante creatividad de un verdadero maestro de la literatura, que había vivido para albergar el sonido de un lápiz al garabatear sobre el folio. Ese estudio, cuyas paredes estaban decoradas con decenas de fotografías colgadas todas ellas en sus marcos, olía un poco a humedad y a algo más… Olía a recuerdos, olía a calor y a sabiduría. Poder contemplar el lugar de trabajo de la persona a la que más admiraba en el mundo le había dejado mudo.

-Vamos, escoge una fotografía –le repitió el viejo mayordomo.

-¿Cómo? –consiguió solamente pronunciar el chico, aún asombrado por lo que le estaba ocurriendo.

El mayordomo, planchándose un poco la camisa con la mano, le sonrió.

-Verás… El Sr. Rogers seguía este ejercicio de escritura.

-¿Qué ejercicio de escritura? –preguntó el chico con cara de tonto, cosa que hizo al mayordomo preguntarse si no se habría precipitado y había hecho mal al dejarle entrar en aquel santuario.

-¿Sabes lo que es un ejercicio de escritura al menos?

-Claro que sí –respondió el joven, contrariado-. ¿Por quién me toma? Yo quiero ser escritor y mi deber es estar informado de este tipo de cosas relacionadas con mi futuro oficio. Me encanta realizar ejercicios de escritura. En Internet puedes encontrar miles incluso. Mi ejercicio favorito es el de «Un ataque de nervios». ¿Sabe en qué consiste?

-Sí, lo conozco, pero…

-Hay una lista de personajes, entre ellos un turista despistado, una niña que quiere ser pintora, un reportero de sucesos… y debes escoger uno de ellos o si no te convencen del todo, inventarte los tuyos. Una vez tienes a tu personaje…

-Sí, lo sé, debes sacarlo de sus casillas.

-No exactamente, es más complejo que eso…

-Debes llevarlo a la locura, que entre en cólera, que explote de rabia, que no pueda contenerse por más tiempo, que lo miren como si saliese de un manicomio por lo irracional de su comportamiento.

-Sí, no lo habría expresado mejor.

Se produjo un silencio en el que ambos se dedicaron a observar las fotografías. En una de ellas había una pareja cogida de la mano, sonrientes y posando ante una fuente. Otra foto era la de un niño llorando porque se le había caído el helado al suelo. En otra aparecía una mujer rubia a la orilla del mar; no se le podía ver la cara porque el viento hacía que el cabello se la tapase. Le llamó especialmente la atención una en la que la triste sonrisa de una chica contrastaba con las miradas llenas de orgullo de sus padres. Ella llevaba un diploma en la mano y el birrete de la graduación, pero se la veía apagada, con su padre a la derecha alzando el puño y su madre vestida de rosa a la izquierda, con una sonrisa de oreja a oreja. El muchacho pensó que a partir de esa fotografía podría crear una historia interesante.

leer

-¿No te ha llamado la atención una fotografía en concreto? –interrumpió de nuevo el silencio el mayordomo.

-Sí, esta de la chica que está en su graduación.

-No me refería a esa. ¿No te suena de algo esta de aquí? –preguntó mientras señalaba con un dedo tembloroso una fotografía del centro. No se distinguían muy bien las figuras porque era de noche, pero se notaba que había dos personas en un jardín, abrazados. Parecía que la foto la hubieran hecho desde lo alto de un árbol. El chico se quedó aún más pasmado que al entrar en el despacho. No se sabe cómo consiguió articular las siguientes palabras:

– Es la primera novela del Sr. Rogers…

-Sí, pero no solo esta, fíjate bien.

Y se dio cuenta de todo, las decenas de fotografías empezaron a cruzar ante sus ojos, asociadas muchas de ellas a portadas de libros de su escritor favorito. No solo a novelas, sino a cuentos y relatos que había escrito o a ilustraciones que él mismo había dibujado… De allí era de donde el Sr. Rogers sacaba toda su inspiración.

-Ahora escoge una fotografía –repitió el mayordomo por tercera vez- y dime qué ves.

Pero el chico supo de sobras qué fotografía escoger, una que no se encontraba entre aquellas paredes, una fotografía que había quedado guardada en su mente, con una luz difuminada, poco natural, y unas sonrisas tímidas y forzadas. De modo que se limitó a decir:

-No parecen felices, tampoco infelices. Solamente parecen conformes.

Como el velcro

sergio

¿Sabes? Muy de vez en cuando aún pienso en ti y me acuerdo de lo que solías decirme. Mi mente se va por derroteros que no debería y me encuentro a mí misma frente a ti, en ese reencuentro que siempre se acaba produciendo algún día. Puede que pasen unos días, unos meses o incluso años, pero siempre llega el momento de enfrentarse a la realidad. Siempre llega el reencuentro.

Me lo he imaginado tantas veces y de maneras tan diferentes… Me he preguntado tantas cosas a mí misma sin saber cómo responderme. Me pregunto si aún te brillan los ojos cuando hablas de política y de cambiar el mundo, si sigues adorando el vino rosado y si sigues inventándote palabras. ¿Sigues fingiendo que la quieres?

Me pregunto si aún te masturbas pensando en mí, porque yo ya no lo hago pensando en ti. Me acuerdo mucho de ti, pero ya no puedo tocarme con tu recuerdo ni aunque lo intente. Me imagino la escena, tú sobre mí, recorriendo tu lengua por todo mi cuerpo, desde el cuello hasta el empeine de los pies. O yo sobre ti mordiendo tus labios y haciéndolos sangrar, con el sabor del hierro en mi boca, con la saliva rosada no solo por el vino. Y no puedo, tu cara se difumina, tus rasgos desaparecen, y dejamos de estar en tu sofá o en tu cama o en tu mesa, o en el lavabo de un bar. La escena cambia por completo, en cualquier lugar donde no hayamos estado juntos, donde no hayamos compartido nada. Y tú tampoco estás ya. Desapareces de esa nueva escena, aparece cualquier otro, al principio parecido a ti, con tus mismos ojos o una boca similar a la tuya, pero al final todo se deforma y de verdad que no eres tú, ya no estás, te has ido. En realidad te fuiste hace mucho tiempo ya. Es por eso que no puedo darme placer pensando en ti, mi mente no me lo permite.

maspasion

Pero sí me permite imaginar todo tipo de situaciones ficticias en las que tú y yo, siempre casualmente, nos reencontramos y coincidimos por primera vez en tanto tiempo en algún lugar, la mayoría de veces en algún lugar considerado como nuestro. En la estación de tren, sí, ahí. O en aquella parada de metro de Barcelona, donde parecía imposible que nos encontráramos. A veces eras tú el que me saludaba; otras era yo. Mi mente variaba mi tono de voz y la expresión de mi cara. A veces me comportaba con indiferencia, otras con alegría y emoción por verte, como si nada hubiese pasado, otras con odio y rencor, otras con reproches y seriedad. Tú te comportabas casi siempre igual, con esa sonrisa ladeada, las manos en los bolsillos y desnudándome con la mirada, como siempre hacías, sabiéndote en una posición más aventajada, conociendo a la perfección mis puntos débiles. Me tomabas por loca, como siempre, y por una dramática y una exagerada. Decías que no había pasado nada, que lo que a mí se me había antojado como meses de ni siquiera dirigirnos la palabra, en realidad solo habían sido unas horas. Porque tú poseías y posees la verdad absoluta.

¿Sabes? Tú y yo siempre fuimos como el velcro de los paraguas, no te rías, es la verdad. Piensa en los paraguas, y en esa horrible cinta que los rodea y que, por mucho que tires de ella, nunca consigue juntar los dos extremos del velcro. Pues así éramos nosotros, rozándonos y deseando unirnos, pero sin llegar a conseguirlo nunca.

paraguas

De Claudia para Claudia

No sé ni por dónde empezar, chica. Solo sé que tú vales, de verdad, que puedes sacar fuerzas de donde sea, que eres luchadora y fuerte cuando quieres, que no te amedrentas ante nada, que si quieres llegarás a ser una verdadera líder porque te he visto actuar en situaciones difíciles y, en vez de ponerte nerviosa, de gritar o de empezar a llorar, has actuado con serenidad, paso a paso. Has sabido gestionar el momento y no pensar en tus sentimientos, has buscado soluciones y has aceptado la ayuda de los demás cuando ha sido necesaria. Sí, eres una mujer independiente y autodidacta en muchos sentidos, y un poco orgullosa aunque te cueste admitirlo, pero no has rechazado nunca esa mano que te han tendido y eso es lo que te ha hecho seguir adelante.

travel

¿Que cómo te quiero ver en 10 años? Muy sencillo, feliz. Sí, he dicho que serás líder, que serás fuerte, etc., pero eso es lo de menos. He dicho que lo serás si es eso lo que quieres. Estoy segura de que nunca llevarás una vida que no te guste solo por el dinero, solo para sobrevivir, para resistir en este mundo a veces tan cruel. Quizá tú lo que quieres es retirarte a meditar a la montaña, o ir de voluntaria a Etiopía, o a lo mejor el año que viene dejas la carrera (cosa que no creo porque eres tozuda y para ti eso sería rendirse, sería decirte a ti misma: No he podido) y te tomas un año sabático, o acabarás siendo una actriz no muy reconocida pero que se dedica a lo que quiere, o quizá te pasas la vida viajando y trabajando en bares o cuidando a niños. Después de todo, ya estás acostumbrada a ello.

Y eso es lo que deseo, que cumplas tus sueños, que tengas unos objetivos claros que te motiven y que siempre estén presentes. Dentro de 10 años seguro que habrás tachado muchas cosas de tu lista. Por favor, dime que has viajado a otro continente, que has acabado de escribir (aunque no te la habrán publicado, no te frustres por ello) la novela de la chica de la costilla. Y espero que hayas cometido miles y miles de errores, sí, eso es lo que quiero. Y que hayas aprendido de ellos, claro está. Que no hayas tenido miedo de intentarlo, que no te hayas quedado a medias como otras veces y que la hayas cagado pero a lo grande. Que ya sé que eres muy sensata y que siempre te has alegrado de poder decir que nunca te has arrepentido de nada, ni de lo hecho ni de lo no hecho, pero no. No es eso lo que quiero para ti, quiero que seas más tú, que vuelvas a bañarte una y mil veces más desnuda a las 3 de la mañana en pleno mes de abril, que te subas a la aventura en el coche de algún desconocido, que no dudes en interponerte en peleas en las que no pintas nada, que sigas cantando en la ducha, y en el coche y cuando te despiertas (aunque tu hermana se asuste y piense que te has vuelto loca), que te metas en el mar los días de lluvia y tormenta, que lo hagas una y mil veces en el bosque. Pero estoy convencida de que tu lista se habrá hecho el triple de larga como mínimo, y eso es lo que quiero, porque eso significará que aún conservas la ilusión, que no te has apagado, que sigues tan intensa como siempre y con la sonrisa siempre en la boca, por favor. Quiero ver esa caja de recuerdos llena, llenísima, con planos de ciudades, con facturas de restaurantes, con sellos y cartas, con fotografías haciendo el tonto, con horarios de trenes (no abandones nunca a los trenes), con pulseritas y anillos y con tu collar de pajarillo roto (ojalá estuviese entero, pero no lo creo), con entradas de cine, de teatro, de conciertos, de festivales, con arena de diferentes playas, con promesas escritas de tus seres queridos, con números de teléfono, con letras de canciones, con flores secas, con sueños narrados…

Me gustaría que aún conservases a tus amigos de ahora porque valen oro, de verdad, te han apoyado siempre en todo momento y tú a ellos y sabes que aún os quedan muchas cosas por compartir. Y me gustaría que hubieses encontrado a alguien, no al hombre de tu vida ni al definitivo, pero ojalá hayan pasado por tu vida chicos que te hayan hecho sentir que tocas el cielo, que hayan sido tan aventureros como tú y que no hayan tenido miedo de viajar contigo a cualquier rincón del mundo y de compartir contigo sus miedos e inseguridades, sus alegrías y celebraciones.

love

Espero que aún no te hayas casado ni que tengas hijos, pero bueno, si es eso lo que te hace feliz, adelante, no seré yo quien te lo impida. Además, nunca se sabe cómo irán las cosas, puede cambiar todo tanto en tanto tiempo…

Quiero que, con 30 años, cojas y leas esta carta, y te rías y llores. Que te haga gracia lo estúpida que eras a los 20 años, cuando aún te faltaban muchas cosas por aprender, que estalles en carcajadas cuando pienses que estás leyendo tus propios consejos sellados desde hace tanto tiempo, sin tocar ni abrir en ningún momento. No te dejo, esta carta la puedes leer solo ahora y luego ya en su momento. Y pensarás, vaya topicazo. Y tendrás razón, pero tenía que hacerlo. Espero que lo comprendas.

De Claudia para Claudia.

ardo

PS: Quédate siempre con esta frase que tanto te marcó

No se puede jugar a medias
Si se juega, se juega a fondo
para jugar hay que apasionarse
para apasionarse hay que salir del mundo de lo concreto
salir del mundo de lo concreto es incursionar en el mundo de la locura
del mundo de la locura hay que aprender a entrar y salir
sin meterse en la locura no hay creatividad
sin creatividad uno se burocratiza
se torna hombre concreto
repite palabras de otro.

Eduardo Pavlovsky

Y aquí estás irónicamente

Y date una ducha, anda, para quitarte de encima su olor y su saliva. Su sudor. Siempre hay una primera vez para todo, ¿no? No hay respuesta. ¿Verdad? Silencio. Hay una primera vez para todo, ¿no crees? Nadie contesta, el espejo solo te devuelve una cara llena de miedo y de impotencia. De incredulidad también, por no recibir esa respuesta que necesitabas, esa respuesta que tú misma debías darte. ¡He hecho bien!, afirmabas ya al final, sin esperar nada a cambio (como él te prometió también), sin siquiera recibir como respuesta el eco de tu voz, una voz que parecía provenir de las profundas cavernas. ¡He hecho bien!, gritabas un poco después. Con contundencia, intentando no dejarte llevar por los sentimientos, controlando la voz temblorosa y lo que parecía una lágrima recorriendo tu mejilla. Solo una, aunque pueda parecer mentira. Una lágrima que nunca acabó de caer. Se quedó toda la vida pendiente en tu barbilla, colgando en ese eterno precipicio afilado y peligroso, sin saber si seguir hacia adelante, volver atrás o desaparecer. No haber existido nunca. Porque te conoces y cuando quieres convencerte de que has actuado bien es que has actuado mal, o eso crees. Tú no necesitas tus propias explicaciones. Siempre se dice que tus amigos tampoco, ni tu pareja, ni tu familia, ni todas esas personas que te quieren, aunque es difícil no darlas. Las explicaciones, digo. Pero ¿a ti? ¿A ti qué te debes? Te debes respeto y admiración, te debes tolerancia y paz, calma. Ya toca un poco de calma, ¿no? Es broma, ¡qué va! Esto de la calma nunca ha sido lo tuyo, sigue obsesionándote con todo, anda. Te merecías ya escribir sintiéndolo desde dentro, sintiendo ese algo que explotaría si no lo sacabas, como dijo Bukowski. Te debes amor, eso sí.

alone

Pero nunca una explicación. Tú sabes por qué haces las cosas y no dudas, o sí dudas, pero acabas escogiendo. Porque esta vida, al fin y al cabo, siempre va de escoger. De eliminar opciones, descartarlas y arriesgarte. Barajar las cartas y sin darles la vuelta, elegir una, al azar a veces, otras (normalmente menos) con la seguridad de conocer exactamente qué se esconde detrás. Detrás de esa desgastada carta que otros tal vez hayan señalado antes con el dedo índice. Don’t be a fool for the city lights. Te deslumbraron las luces, ¿verdad? Las promesas, los colores, la imagen de una sonrisa en tu boca, las palabras sin fondo, sin sentido.

Y te diré una cosa, has hecho bien. Ahora ya después de las clases, del papeleo, de tu rutina diaria, de esa ducha necesaria recibes la contestación. Te hayas equivocado o no, has hecho bien. Parecerá una paradoja, un oxímoron, una contradicción, pero no lo es. Equivocarse está bien, a veces. Y más si te has equivocado al hacer algo por primera vez. Estaba la incertidumbre de no saber qué te esperaba (¡maldita carta! ¿Por qué no elegí la que estaba justo a su lado?), de no saber qué te depararía el futuro, y tú no has dado un paso atrás, has mirado al frente y has seguido hacia delante. Y en realidad, aún no sabes si te has equivocado, deja de darle vueltas a la cabeza… Has hecho bien, en serio. Sigue como hasta ahora, sin arrepentirte de nada. De nada. Ni de lo que has hecho ni de lo que has dejado de hacer. Explicaciones cero, y excusas menos.

citylights