Y aquí estás irónicamente

Y date una ducha, anda, para quitarte de encima su olor y su saliva. Su sudor. Siempre hay una primera vez para todo, ¿no? No hay respuesta. ¿Verdad? Silencio. Hay una primera vez para todo, ¿no crees? Nadie contesta, el espejo solo te devuelve una cara llena de miedo y de impotencia. De incredulidad también, por no recibir esa respuesta que necesitabas, esa respuesta que tú misma debías darte. ¡He hecho bien!, afirmabas ya al final, sin esperar nada a cambio (como él te prometió también), sin siquiera recibir como respuesta el eco de tu voz, una voz que parecía provenir de las profundas cavernas. ¡He hecho bien!, gritabas un poco después. Con contundencia, intentando no dejarte llevar por los sentimientos, controlando la voz temblorosa y lo que parecía una lágrima recorriendo tu mejilla. Solo una, aunque pueda parecer mentira. Una lágrima que nunca acabó de caer. Se quedó toda la vida pendiente en tu barbilla, colgando en ese eterno precipicio afilado y peligroso, sin saber si seguir hacia adelante, volver atrás o desaparecer. No haber existido nunca. Porque te conoces y cuando quieres convencerte de que has actuado bien es que has actuado mal, o eso crees. Tú no necesitas tus propias explicaciones. Siempre se dice que tus amigos tampoco, ni tu pareja, ni tu familia, ni todas esas personas que te quieren, aunque es difícil no darlas. Las explicaciones, digo. Pero ¿a ti? ¿A ti qué te debes? Te debes respeto y admiración, te debes tolerancia y paz, calma. Ya toca un poco de calma, ¿no? Es broma, ¡qué va! Esto de la calma nunca ha sido lo tuyo, sigue obsesionándote con todo, anda. Te merecías ya escribir sintiéndolo desde dentro, sintiendo ese algo que explotaría si no lo sacabas, como dijo Bukowski. Te debes amor, eso sí.

alone

Pero nunca una explicación. Tú sabes por qué haces las cosas y no dudas, o sí dudas, pero acabas escogiendo. Porque esta vida, al fin y al cabo, siempre va de escoger. De eliminar opciones, descartarlas y arriesgarte. Barajar las cartas y sin darles la vuelta, elegir una, al azar a veces, otras (normalmente menos) con la seguridad de conocer exactamente qué se esconde detrás. Detrás de esa desgastada carta que otros tal vez hayan señalado antes con el dedo índice. Don’t be a fool for the city lights. Te deslumbraron las luces, ¿verdad? Las promesas, los colores, la imagen de una sonrisa en tu boca, las palabras sin fondo, sin sentido.

Y te diré una cosa, has hecho bien. Ahora ya después de las clases, del papeleo, de tu rutina diaria, de esa ducha necesaria recibes la contestación. Te hayas equivocado o no, has hecho bien. Parecerá una paradoja, un oxímoron, una contradicción, pero no lo es. Equivocarse está bien, a veces. Y más si te has equivocado al hacer algo por primera vez. Estaba la incertidumbre de no saber qué te esperaba (¡maldita carta! ¿Por qué no elegí la que estaba justo a su lado?), de no saber qué te depararía el futuro, y tú no has dado un paso atrás, has mirado al frente y has seguido hacia delante. Y en realidad, aún no sabes si te has equivocado, deja de darle vueltas a la cabeza… Has hecho bien, en serio. Sigue como hasta ahora, sin arrepentirte de nada. De nada. Ni de lo que has hecho ni de lo que has dejado de hacer. Explicaciones cero, y excusas menos.

citylights

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2 comentarios en “Y aquí estás irónicamente

  1. Eres la persona que más utiliza la segunda persona de las que conozco. Es muy curioso esto. Aunque así involucras al lector inmediatamente, como no se vea reflejado en el texto, puede resultar un tanto agresivo.

    Cada vez escribes mejor. Y este texto es muy ambiguo. ¡Me gusta!

    Aprovecho para comentar el post anterior, que no tengo ganas de volver. No pienses en cómo escribir en cuanto al lenguaje a utilizar. No pienses si utilizar un lenguaje más culto o más coloquial. Hazle caso a Borges y escribe como hables. Si utilizas palabrotas, bienvenidas sean. Todo lo demás, se nota para mal.

    Hasta luego, lagartija 🙂

  2. ¿Agresivo? Jajaja Supongo que sí! Está claro que no mucha gente se verá identificada, pero me ha hecho gracia el adjetivo que has usado y que te hayas fijado en que muchas veces uso la segunda persona! Yo me di cuenta hace poco, lo hago involuntariamente.
    ¿Me habré vuelto tan ambigua como tú? Jajaja

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