Además

Por una parte, creo que debería describir lo que siento, pero por otra parte, sé que eso me hará sentir incluso peor. Además, no sé lo que siento. Además, tengo muchas ganas de llorar y además no me sale ni una maldita lágrima. Debo tener los ojos secos, igual que los sentimientos. Hace tiempo que no me siento a escribir sin un tema concreto, sin una pauta, sin una finalidad concreta. Y creo que me está sentando bien, aunque mis pensamientos fluyan a una velocidad inalcanzable para mis dedos y solo escriba una vigésima parte de lo que se me pasa por la cabeza.

grita

Soledad. Es la primera palabra que ha cruzado mi mente. No porque me sienta sola, sino porque creo que me irá bien estar sola, y encontrarme, de verdad. Y luego, cuando por fin tengo ese momento de paz, pienso, y pienso, y pienso que tengo demasiado tiempo para pensar, que todo se puede convertir en algo preocupante cuando te enfrentas a ti misma. Que quizá es necesario, pero quizá será mejor que llame a Natalie, o a Nicola o que le envíe un whats a Jason o a Martin, solo para no pensar. Es más cómodo no pensar, tener a alguien que te haga compañía y te ponga las cosas más fáciles riendo, sonriendo, gesticulando, exagerando, bebiendo y olvidando pero nunca recordando. Hablando, hablando y hablando, de cosas divertidas y de cosas sin sentido, también de economía y política, de historia y de arte, de libros. Pero nunca de recuerdos, nunca. Aunque sabes que evitar eso es imposible, que estuvisteis hace exactamente un año en el mismo lugar, brindando con las mismas jarras, la misma sonrisa y bebiendo la misma cerveza.

Todo es igual y eso es lo más agobiante. Pero todo es igual y a la vez no lo es, cosa que es todavía peor. Llegas y te da la sensación de que en un año todo ha cambiado, el cielo es diferente, los niños están más altos, el barrio es más grande y las casas son incluso más bonitas. Y todo parece un cambio para bien al principio, pero giras la vista a tu derecha y tu mejor amiga ya no está; miras a tu izquierda y los chicos que conociste aquella noche han desaparecido; al frente, y ya no queda nada del dependiente de la panadería con el que solías tomarte algo.

La gente ya no está, se ha marchado, se ha fugado, se ha extinguido, se ha esfumado. Y era esa gente la que hacía del pueblo un lugar tan especial. Ya no te queda nada… Bueno, salvo los cambios. Entonces te das cuenta de que esos cambios eran de plástico, fugaces, artificiales, efímeros. A simple vista, todo era diferente, pero en verdad solo habían edulcorado la realidad. Habían pintado el pueblo de principio a fin, esta vez con pintura amarilla, para que todo pareciese nuevo, mansiones nuevas amarillas, parques nuevos amarillos, puentes de amarillo, tiendas de amarillo y pubs de amarillo, calles de adoquines amarillos, papeleras amarillas, césped amarillo. Todo aparentemente nuevo, pero la pintura ya no está reciente y si rascas un poco puedes quitar la capa superficial y ver que todo es como el año pasado y ahora te resulta frustrante, aburrido y monótono.

amarillo

Además, él no está, y además, supongo que tarde o temprano tenía que llegar a este punto. Supongo que más temprano que tarde porque, pudiendo escoger entre miles de sitios, me he decantado por este. He decidido sentarme en el mismo banco donde sus manos me acariciaron aquella noche de niebla baja. Y los recuerdos, la palabra prohibida, vuelven. Además, cuando el viento es caprichoso y juega con el botellín de cerveza produciendo ese sonido, me acuerdo de aquella otra noche en que nuestras respiraciones desacompasadas me excitaban cada vez más y más, tus labios posados en cada parte de mi cuerpo. Además, el otro día, volviendo borracha a casa, meé en el mismo árbol donde tú lo hiciste sin ningún tipo de pudor en su momento. Además, han cambiado al barman del pub, y aunque seáis completamente diferentes, yo siempre logro encontraros algún parecido. No podía pretender que me esperases un año en el mismo lugar, mismo empleo, misma vida. Las personas evolucionan hacia alguna parte, cambian, emigran, se mueven y no es que me pillase por sorpresa, porque ya sabía que no estarías, pero me sigue produciendo una punzada de tristeza.

Además, creo que no te echo de menos a ti, chico, ni siquiera a la imagen que tengo de ti. Echo de menos las sensaciones que provocabas en mí, sentirme querida y deseada, amada y escuchada, comportarme como me comporto cuando soy yo, cuando soy natural, cuando me dan esa confianza.

Además, se me hace difícil dirigirme a ti en otro idioma que no sea inglés. Además, podría seguir así toda la vida y creo que es mejor parar.

We were born to be alone

Everybody all alone

Born alone to be alone

We’ll stand alone forever

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No title

Soñando siempre con autobuses que no llegan a la hora, metros que se paran y trenes que ya se han ido o que nunca llegan a pasar. Espero que no en el sentido metafórico. Soñando pero más despierta que nunca, como si a mis sueños también se les hubiese escapado la ilusión, como se escapa el tiempo en un reloj de arena, filtrándose poco a poco, grano a grano. Siempre me he preguntado –ingenua de mí- de dónde procederá esa arena, de qué playa, de qué cala, de qué bahía. Soñando despierta y despierta soñando. Con islas paradisíacas, con arenas blancas y aguas cristalinas, con arrecifes de corales y escarpados acantilados contra los que durante la noche las olas chocan con violencia, salpicando una espuma blanca y feroz, como si saliese de la boca de un perro rabioso y no de las entrañas de la Tierra. El resto del día el mar estaría en paz. Las olas chocarían solo durante la noche o los días de tormenta, esos días en los que ya existe una lucha en mi interior, días de tormenta interna. Pero ese lugar no existe, ni existirá, porque la arena se ha acabado, el tiempo se ha acabado, y con ellos, mi ilusión.

watch

También me pregunto muchas veces a mí misma cuándo he cambiado. En realidad sé perfectamente cuándo, pero no por qué. ¿Por qué ahora tengo que esforzarme por ser optimista? ¿Por qué no puedo volver a ser como antes? Me da rabia que nos dejemos cambiar por las personas, personas que no darían nada por ti, lo mínimo. Personas que ni se acuerdan de tu nombre, que nunca han derramado una lágrima por ti y, sin embargo, sí te han hecho llorar a ti. ¿Cómo puede una sola persona hacernos perder la ilusión, perder la alegría y la motivación? La respuesta es clara: Nadie te ha hecho perder la ilusión. En todo caso, tú misma has provocado que se pierda, pero ni siquiera tú eres la respuesta (egoístas de nosotros, creyendo que el mundo gira a nuestro alrededor).

No son las personas, son las situaciones, los acontecimientos, una combinación del momento, el lugar y la persona, de tu estado de ánimo y de tu carácter. La vida aprieta, pero no ahoga. Nadie te hizo perder la ilusión, sino un hecho aislado que no volverá a suceder (o sí, qué más da). No seas idiota y dale la vuelta a ese estúpido reloj de arena. ¿Qué pasa, no puedes? ¿Está pegado al suelo, dices? ¿No tienes fuerza? Ya lo hago yo, anda, si no pesa nada, y así seguimos jugando al Pictionary o a las palabras prohibidas. Venga, no. A la mímica. A ti siempre se te había dado bien el teatro.

me

Juguemos a un juego

-Juguemos a un juego.

-Bien.

-Hagamos ver que hemos traspasado la puerta a otro mundo. Tú y yo. Solamente tú y yo y nadie más. En este nuevo mundo todas las palabras cobrarán un nuevo significado. Bueno, no: todo cobrará un nuevo significado. No solo las palabras, sino los gestos, las miradas, las risas, las muecas…

Pero no cobran un significado opuesto. Una mirada de amor no pasará a ser una de odio, sino quizá una de extrañeza o de indiferencia o de pena. El blanco no pasará a ser negro, ni los ricos serán ahora pobres, cuando llore no querré reír, cuando ría no querré llorar, cuando diga “para”, no te estaré diciendo “sigue” (o quizá en este caso sí). No nos iremos a dormir por la mañana y nos levantaremos por la noche, los te quiero no pasarán a ser un te odio, ni bonito significará feo o alto significará bajo.

sick

Tú me dirás: Acércame la sal y en el fondo la sal ya no será la sal y en realidad querrás que acerque mi boca a tu cuello. Quizá querías decir que era tarde, que el Sol ya estaba a punto de ponerse. Señalarás un pájaro, pero este ya no será un ave, sino una avioneta, o una nube, o un pastel. La palabra aguacate quizá ahora será un verbo y querrá decir aprender. Yo te diré que la puerta es de color blanco, pero en realidad querré decirte que te vengas conmigo a Nueva Zelanda, a recoger fruta y a hacer surf. Tú me dirás que tienes todo lo que hace falta para ser escritor, pero yo no te creeré porque nunca me has parecido antisocial. Te preguntaré: ¿Qué hora es? Y en realidad querré saber si aún me quieres, o qué echarán por la noche en la tele.

¿Has oído esa siniestra campana? Nos está diciendo algo. No nos dice que no nos queda tiempo, tampoco que aflojemos, nos dice que a tu ritmo, que a mi ritmo, que a nuestro ritmo. Ahora oigo también un cascabel y me ha entrado mucho frío de golpe. Tengo miedo, ¿tú lo oyes? El miedo, digo. ¿Ves ese Jesucristo de madera clavado en la cruz? Un escalofrío me ha recorrido el espinazo nada más verlo, con su cara torcida y triste. Además, la campana sigue sonando, y el cascabel también, y no veo ningún gato por aquí, y todo me parece tétrico y desagradable. El otro día hice reír a un gato, y hoy le he hecho llorar. Oigo el llanto de un bebé y me estremezco. Ya no lo oigo, tal vez ha muerto. El niño llora, el gato llora, llora el hombre de la cruz… ¿Me has entendido? Porque yo no, es difícil entenderme. Claro que ahora estamos en otro mundo en el que todo significa otra cosa. ¿Qué crees que debe significar todo esto?

hands

-No lo sé, creía que eras tú la que había inventado este mundo.

-Pero cuando dije “Vete, aléjate de mí” quizá sí que pretendía decir lo contrario, cualquier otra cosa menos eso. Tal vez tendría que haber usado otras palabras, o tal vez tú deberías haberlo comprendido todo con mi mirada. Pero claro, estábamos en otro mundo y mi mirada ya no quería decir “Quédate”. Vete ya no era vete, te lo prometo. Lo sabes. Vete era quiéreme, abrázame, permanece a mi lado y cuídame, aunque ya no me lo merezca.

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-¿Se lo has dicho ya?

-¿El qué?

-Que te vas.

-Estoy buscando la manera de hacerlo.