Me mira

Me mira, pero de verdad que no me ve. No ve más allá. Si entorna los ojos un poco tal vez distinga algo. Tal vez pueda incluso leerme la mente, pero lo dudo. Me cerraré un poco más, si es posible, lentamente. Me retiraré pasito a pasito, sin ruido, sin molestia. Para que siga sin verme. Para que así tal vez deje incluso de mirarme. Que deje de convertirme en una frágil figurita de cerámica. Que deje de creerse el señor del Universo. Me resulta difícil aceptarlo, siempre me sucede.

gritando

Su gorra. Ahora le hace parecer estúpido. Mucho. Le odio. Está claro que no le odio, pero solo es para convencerme. Además, soy bastante maleable. Cambio de opinión fácilmente. Esto antes no me pasaba. Será el verano, que se evapora, gotea los últimos días de calor, que se filtran por la alcantarilla. Y será que o me hace llorar o acabará conmigo. No puedo más. Hace tiempo que no lloro. Recuerdo que la última vez era abril, a finales. Y tengo grabada la fecha exacta porque aún recuerdo por quién lloraba. Estamos ya en septiembre. Ha llovido mucho desde entonces.

Sus manos. Dejaría que me follasen, pero no solo sus manos, también su boca, sus labios, su lengua, sus ojos (esos que me miran, pero no me ven, me contemplan como si estuviese colocada en una estantería, en lo alto de la habitación). Su cuerpo. A él sí que le dejaría follarme, tocarme, rozarme, hacerme el amor. Le arañaría, le clavaría las uñas con todas mis fuerzas, en los hombros. Pero claro, podría hacerlo si no me hubiese alejado. Si no hubiese decidido tomar esa precaución, si sus ojos aún pudiesen mirarme. Pero ya no me ven, soy invisible. He desaparecido, como siempre. He huido y luego le he echado la culpa a él. Porque sí, porque es más fácil. Porque a veces darse por vencido también es un acto de valentía. Y me creo que prefiero la soledad y el dolor, pero en el fondo soy como el resto. Solo espero que venga alguien a salvarme. Así que esta vez esperaré aquí, a oscuras, en este cuarto. Mejor si consigo dormirme, para que al abrir los ojos te encuentre y me lleves contigo.

tristeza

Y su amigo sigue hablándome. Él ya no, no le puedo culpar. Pero ¿para qué? Es parte de él, supongo. A veces me gustaría decirle que se callara, que cerrara la boca, que no me interesa ya la vida de ese chico, que deje de hacer de puente inconexo, de mensajero que se pierde por el camino. Que dejen de intervenir, que me dejen en paz, que apaguen la luz al salir y cierren la puerta, con llave a ser posible. Para que ni yo misma pueda abrirla. Y que fuera siga lloviendo y que el mundo siga girando, que no se pare por mí. Hasta que alguien venga a rescatarme y a sacarme de esta soledad, o a compartirla conmigo.

Y, ¿sabes qué me da más rabia? Que tenías razón. Ahora me dirías: ¿Qué? Creo que no te he oído bien. Que tenías razón, que tenías razón. Te lo repito tantas veces como quieras. Sí, tú. Tenías razón. Tú ganas y yo pierdo, ¿contento? Has ganado, has ganado. Has conseguido lo que querías. Después de todo, solo se trataba de un juego, ¿no? Y en los juegos siempre hay vencedores y vencidos. Pues aquí los tienes. Sí, me lo dijiste, que cuando parase, una parte de mí moriría. En el momento que pares, verás lo que realmente eres y no te gustará, lo sé, no te gustará lo que veas más allá del espejo.

¿Por qué esa cara de susto? ¿Qué has visto en tu reflejo que te ha alarmado tanto? Eres la misma niña asustada de hace unos años. Cierra los ojos y descansa.

IMG_7678239562547

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s