El boli que me has pedido

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No sabes nada del boli que me has pedido, el que ahora tienes entre tus manos, o mejor dicho, entre los dientes, que mordisquean suavemente el plástico azul del extremo superior y lo saborean, le dan vueltas, son los nervios supongo. Siempre has sido muy nervioso e impaciente, no te gusta esperar. Pues bien, no sabes que ese boli ha estado dentro de mí, que la otra noche me dio placer mientras pensaba en ti.

Porque veo cómo me miras. Apoyas la cabeza en su regazo y haces ver que estás pendiente de ella, que te importa. Yo finjo no ver nada, tampoco miro hacia otro lado –como cuando la gente ve a un minusválido en silla de ruedas y desvía la mirada. No, eso no hay que hacerlo nunca, solo sirve para darle más importancia a algo que no la tiene, eso hace la situación anormal, cuando no tiene nada de poco común.

Hay que verlo como algo corriente, no miro el espectáculo que está montando la pareja fijamente, pero tampoco rechazo verlo, alejarme de él como si me molestase.

Y repito, haces ver que estás pendiente de ella, pero, cuando menos me lo espero, ahí estás mirándome, a la que me despisto me miras y no sé qué pensarás pero en realidad sí, tus ojos me lo dicen todo, me comen, me absorben. Me dicen algo así como, no sé, que soy preciosa, que te encanta cuando me muerdo el labio inferior, que ojalá pudieses tenerme, aunque sabes que es imposible, que mis piernas te hipnotizan y mi sonrisa acaba contigo, que no quieres emborracharte cuando estás cerca de mí porque temes no poderte resistir, que te inspiro ternura, que quieres cuidarme, pero a la vez quieres destrozarme por fuera y por dentro […]

El caso es que ahora me tienes en tu boca y ni lo sabes, tienes mi sabor, mi olor, mi esencia y me recuerdas a otro chico del que no puedo olvidarme, del que sigo acordándome, con pena por cómo acabó todo. Él me follaba como nadie nunca lo había hecho, daría lo que fuera ahora mismo porque volviera a hacerlo una última vez.

Sobre él escribí hace poco algo así como ni tu apellido recuerdo ya. Lo acabo de encontrar y decía así: Y hasta se me ha olvidado tu apellido, de verdad que no lo recordaba el otro día cuando intentaba buscarte. Me fue imposible. Y pensé que será verdad, que la mente a veces elimina la información innecesaria, aquella que no vamos a volver a usar y que solo hace que ocupar espacio, guardando polvo en nuestra cabeza. Pero era falso, en cuanto miro sus fotos me dan ganas de morder la pantalla allí donde se encuentran sus labios y el lóbulo de la oreja también, quiero que me desnude con la boca, me apoye en la encimera, en el sofá, en el suelo, la mesa, me da igual, que me diga palabras soeces y que me pregunte si quiero que me la meta por detrás, que me roce el oído, que me deje saliva por todo el cuerpo, que me bese el antebrazo mientras me mira directamente a los ojos, que haga ver que me escucha, que me diga que le gustan mis gemidos, que le vuelve loco cómo me muevo, que tengo el culo más bonito del mundo, que me estire del pelo y me muerda el cuello. Que haga lo único que sabe hacer conmigo.

natalie kucken

Fotografía de Natalie Kucken

 

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2 comentarios en “El boli que me has pedido

  1. “Que haga lo único que sabe hacer conmigo”.

    He disfrutado de varias imágenes poderosas mientras te leía. Un boli en el coño, un hombre que lo masca, la búsqueda insaciable del calor… No sé qué te habrá pasado o en que estado de ánimo te sentías, pero me has hecho leerte dos veces. Cada vez tienes más fuerza escribiendo, y eso me gusta mucho.

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