Por qué te vas

Y mi infancia es tan diferente a la tuya, tus recuerdos son tan distintos a los míos. Me tumbo entre tus brazos y me hablas al oído, en susurros, de cosas que nunca había escuchado. Parece que vengamos de mundos completamente opuestos, con mentalidades algo diferentes, con una cultura que no es la misma. Podría estar horas así, preguntándote por esas cicatrices, por esos ojos, por qué bajas la mirada cuando te contemplo, por qué haces esa mueca al correrte. “Me lo has robado todo”, me dices entre risas, “me colonizaste”, repites una y otra vez, y yo rompo a carcajadas. Y a mí que nunca me ha gustado el reggaetón y apareces tú, despertándome por las mañanas con tus besos y tu música.

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Me hablas de ese clima, de esa gente, esas noches, el valor que tú le das al dinero, al amor, al tiempo, de tu familia, de tu padre. Me impresionó mucho lo que me contaste sobre él y me gustaste un poco más, con cada palabra que tu boca pronuncia me encantas un poco más. Me encantan tus historias, podría pasarme horas escuchándolas. Y tu acento, tu acento me pone a cien y a la vez me da una extraordinaria sensación de cercanía, de familiaridad. Pero cuando de verdad me ganaste fue aquella noche que me dijiste todo aquello, que te vendrías a Barcelona, que me llevarías también de visita a Colombia, a tu tierra, que no sabías si decirlo pero que empezabas a quererme un poquito y que yo era lo más parecido que tienes a tu familia, que te aporto lo que te falta de ellos, de tu familia y tus amigos colombianos, ese apoyo sincero, esos abrazos.

Me gusta que me digas que lo hago muy rico. Todo. Y que me preguntes una y mil veces por qué soy tan linda o por qué estoy tan buena, que te rías de mi acento y de mi pronunciación del sonido z, que te burles de mí cada vez que digo joder mientras follamos, que me digas que no me follas, que me haces el amor y que intentes quitarme esa manía mía de decir siempre “Fóllame”, que te rías de mis pucheros, que me consientas (como tú dices), que te haga gracia mi cara y lo moñas que te vuelves conmigo, que me digas que soy más grande que tú solo porque te saco un par de centímetros.

Me dijeron que sería fácil, que el amor viene fácil y te hace la vida más sencilla y yo nunca les creí. Pensaba que estaría condenada a una soledad a medias, compartiendo mi mundo con alguien a quien también le gustase el drama, las discusiones, el llanto y las flores marchitas. Pensaba que acabaría con alguien que a veces me haría sentir en la cumbre de la montaña y muchas otras en el fondo de un pozo negro y oscuro. Pensaba que me heriría, me dañaría, me haría llorar y luego vendría a lamerme las cicatrices ya curadas de mala manera. Y llegaste tú, y de verdad que lo cambiaste todo, me quitaste el miedo y me dejé llevar y, aunque te vi al principio asustado, vi seguridad y protección en ti.

Tengo miedo, como siempre, eso sí, porque las dudas se apoderan de mí en ocasiones, como la primera noche que nos acostamos, cuando me repetiste mil veces que no me creías, que no sentías que me gustases, pero te lo digo ahora y va en serio, lo voy a apostar todo por ti y espero que cumplas tu promesa y nunca me hagas daño. Si tú no me haces daño, yo también cumpliré lo que me pediste, no lloraré ni perderé nunca mi sonrisa.

 

Por qué te vas.

photo via nastya

Photo via Nastya

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