Bitácora

Día 84: No se puede estar cada día igual de enamorado. El sábado no estaba muy enamorada y hoy me pasa todo lo contrario.

Día 87: En el espejo, formábamos un triángulo isósceles como en los cuadros de mi libro de Historia del Arte: mis ojos, los suyos y sus dedos dentro de mí.

Día 93: La gente que no sabe reír, que emite un pequeño grito ahogado o un gruñido como el de los cerdos, me da un poco de pena y asco.

Día 94: Tuve un sueño en el que aparecía un supermercado todo de cristal y recuerdo que de pequeña estuve allí porque mi madre entró a comprar una botella de agua y algo para merendar, pero no recuerdo más, estábamos de viaje, pero no sé dónde, y nadie me puede ayudar y mi libreta de sueños ha desaparecido.

Día 96: Cuando fingimos que nos acabamos de conocer en un bar, como en Lieja, me pone muy cachonda. La manera cómo bebe del botellín de cerveza me eriza la piel.

Día 101: Los dos sentados en los escalones de Plaza Espanya, los últimos rayos de sol tocándonos la cara, bebiéndonos ese zumo recién hecho con el que nos hemos encaprichado. Se siente bien.

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Tamara Lichtenstein

Día 103: Me imagino que es nuestra casa, la bici colgando de la pared y toda esa decoración bohemia. Me dice que me ayuda a ponerme la falda, pero ambos sabemos cómo acabaremos.

Día 109: En la película que echan en la 2 comparan cortarse las uñas con matar y la metáfora me parece muy lógica cuando la escucho, pero cuando intento explicarlo por escrito, no le encuentro ningún sentido.

Día 112: Veo a un hombre, no muy mayor, sentado en un banco, solo, comiéndose unos donuts y con una camiseta que parece de adolescente. Le tiembla la mano y me da pena y a la vez me riño interiormente por sentir pena.

Día 121: Joder, es una de las sensaciones más bonitas del mundo. Compartir arte contigo, disfrutar de las pequeñas cosas juntos, sentarnos en esa sala de museo y terminar esas frases con nuestras propias palabras.

Día 133: No le gusta la gente de mi ciudad y a mí tampoco. Mi madre se prometió a sí misma de pequeña que nunca nos llevaría a un colegio en I. Hizo bien porque la gente de I. te mira con desprecio, por encima del hombro.

Día 149 (29 de mayo): Cuando me dice “Siéntate aquí”, se refiere a que me desnude y lo monte.

Día 155: Después de haber estado con mis amigos, llego a su casa y le veo distinto, está viendo una película y tal vez se la haya recomendado ella de nuevo.

Día 167: Me dijo que, hiciera lo que hiciera, tendría éxito, que saldría adelante porque soy buena y me esfuerzo.

Día 185: Yo, que en casa nunca he oído hablar de religión, como cada día sola frente a un cuadro donde pone: Te deum laudamus.

Día 199: Los dos sabíamos que no me había invitado a ir con él a lavar el coche solo para que le ayudase, sino que se le venía el tiempo encima y se trataba de una excusa para pasar tiempo con su hija, que se le va. Me gusta pasar esos ratos con él.

 

 

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